jueves, 18 de octubre de 2007

Parashat Lej Leja

En el año 2005 llegaron a Israel 21.180 nuevos inmigrantes (en su mayoría jóvenes de hasta 24 años). De estos, 397 provenían de la Argentina.
Al igual que Abraham hace 3700 años atrás, miles de judíos en el mundo dejan sus ciudades natales, sus hogares y sus seres queridos para comenzar un nuevo período de vida en la Tierra de Israel.
¿Es acaso la Aliá algo tan especial, tarea de unos pocos? La Torá nos enseña que Abraham, llamémoslo el primer olé (inmigrante), era un hombre como todos los demás. Nada de especial tenía a diferencia de otros como Noaj que leíamos la semana pasada. Sin embargo fue Abraham quien decidió obedecer el mandato divino y perfilarse hacia la tierra que D's le mostraría. Esto nos demuestra que cada cual es capaz de concretar su propio sueño, no hay que ser un súper héroe, la elección está en nuestras manos. Nosotros somos quienes decidimos formar parte o asimilarnos. Nosotros somos quienes decidimos si queremos ser protagonistas de nuestra historia o verla por televisión.
¿Es acaso la Aliá algo fácil de concretar? La Torá nos enseña que Abraham era un hombre de hechos. En cuanto D's le dice: "Lej lejá", él comienza la travesía. No casualmente, esta mitzvá que seguimos cumpliendo por generaciones, fue escrita con estas dos palabras muchas veces difícil de traducir. "Vete de ti" sería literalmente y esto nos indica que el cambio comienza por uno mismo. Sin la propia convicción, la tarea es aún más ardua. Hay una larga distancia entre emigrar de un país y asentarse en el otro. Pero cuando uno es conciente de lo que hace, estará integro con su decisión. Abraham, antes de plantar sus raíces en Beer Sheva, recorrió la Tierra Prometida para conocerla, para acostumbrarse a ella.
En este 5768 que recién comienza se cumplen los primeros 60 años del moderno Estado de Israel. La excusa perfecta para visitar las callejuelas de Ierushalaim, los teatros de Tel Aviv, las empresas multinacionales de alta tecnología en Haifa, las playas de Eilat, o porque no, el pozo de Abraham en Beer Sheva.
Tenemos el derecho de cuestionarnos muchas cosas e incluso discutir con D's si lo creemos justo, al igual que lo hizo nuestro patriarca. Pero al mismo tiempo tenemos la obligación de ser gente de hechos y jugárnosla cuando es necesario. Tal vez, al igual que Abraham y otros dos y medio millones de judíos, encontremos nosotros también nuestro lugar en la Tierra de Israel.
Por último, así como Abraham con su primo Lot, quiera D's podamos nosotros llegar a un acuerdo de paz verdadero con nuestros primos musulmanes.
Shabat Shalom.

Roger Rosenthal
Shaliaj de la Agencia Judía